Esos locos maduros (en la playa)

Lo que uno va a buscar en la playa va cambiando a lo largo de nuestra vida.

Los niños buscan la arena, y huir de las olas saltando.

Castillos con almenas y caracolas.

Los adultos nos dividimos.

Algunos más impetuosos, y en una primera fase, buscan lo contrario. La inmediatez de la belleza de los cuerpos.

Los otros buscan que los niños jueguen en la arena, que pasen el tiempo buscando conchas y cogiendo cangrejos.

Cuando sea anciano, buscaré en la playa la soledad de una tarde que amenace tormenta.

Las salpicaduras de las olas rompiendo amenazadoramente.

Una mirada atrás que no sea demasiado dolorosa, un camino plácido hacia la muerte.

Esos locos bajitos (en la playa)


Mi pequeño Martí no deja nunca de sorprenderme con sus “pequeños/grandes ” razonamientos surgidos de su joven mente de niño de 4 años.

Esta tarde veníamos de jugar un rato juntos en la piscina como otras tantas tardes de viernes. Coincide con el final de la semana y Martí llega a la misma con la batería medio vacía, hasta a estos locos bajitos parece que los finales de semana se les hacen un poco cuesta arriba. En el asiento trasero del coche miraba el atardecer por la ventana con ojos medio entornados porque le daba el sol de cara cuando, al sorprenderme mirándolo por el espejo central, me ha soltado.

– Papi, falta molt perquè sigui papa??.

– Si petito, falta moltísim encara!!!.- le he dicho noqueado todavía por la pregunta.

– I papi, quan sigui papa m’agradarà el formatge.- ha golpeado de nuevo Martí.

-. . .

– Es que com que tu em vas dir que els nens de grans ens assemblen als papas y a tu no t’agrada el formatge.

A mí, que con los años me ido convirtiendo en un consumidor entusiasta de todo tipo de quesos, i agasajado por la complejidad de las preguntas realizadas, solo me han quedado reflejos para balbucear un escueto.

– Però al papa li agrada molt el formatge!!!!

I aquí me ha rematado con la segunda de las verdades absolutas a la que su pequeño cerebrito había llegado.

– Papi, la mama diu que a tu no t’agrada el formatge i si la mama ho diu es veritat.

-. . .

Más tarde he caído en que Martí es un verdadero fanático de echarle queso a los macarrones, más que macarrones con queso por encima lo que el come es queso rallado con base de macarrones. Y en este caso el “Papi” no comparte sus gustos.

Nota: en esta foto no hay nada pegado, todos los elementos estaban ahí tal cual, simplemente tiene un virado de color y algún realce adicional.

Faros III

Los faros siempre me recuerdan la corta estancia de Aurora y yo en las pequeñas Islas Ons en Galicia. Formando parte del Parque Nacional de las Islas Atlánticas y situadas al final de la ría de Pontevedra son un poco menos conocidas que sus primas cercanas las Islas Cíes.

Lleguemos temprano con el Ferry de la mañana y marchemos pocas horas después con el que retorna a los turistas por la tarde, pero la experiencia fue realmente grata. Tengo que volver a ella pasar unos días, sin duda. Quizás porque se trataba de mi primera visita a una isla de estas dimensiones (islas en la que te da la sensación de estar en una isla, en las que del punto más alto ves la mar brava de un lado y la mar amansada del otro) me vinieron imágenes de islas lejanas en el tiempo llegadas en la mayoría de ocasiones a través de la literatura.

“Los cinco otra vez en la isla Kirrin”, quien haya leído este libro entenderá las sensaciones que esta visita pudo dejar en mí. Esperemos que mi hijo Martí llegue a leer estos libros y que sus viajes literarios lleguen a exceder los 140 caracteres de Twiter.

Faros II

Los faros hoy en día son muy difíciles de encontrar. Personas que nos iluminen el camino con su actitud, pensadores que se resistan a seguir la corriente. Últimamente estoy harto de ver y escuchar en la tele a los nuevos gurús de la sociedad del siglo XXI que nos ha tocado vivir. Programas televisivos enteros donde se da la palabra a economistas agoreros que juran y perjuran que ellos sabían que la crisis económica iba a llegar y que el derrumbe de la burbuja inmobiliaria era algo conocido por todos.  Desde sus cómodos asientos de prestigiosas universidades, todos sabían que las cosas se estaban haciendo mal, y lo que es peor, todos saben las medidas que se tienen que tomar para salir de esto.

Pero ni uno de ellos mueve un dedo para que estas medidas se lleven a cabo.

Estos días leo el libro “Visiones desde el fondo del mar” de Rafael Argullol, una obra maestra. Maravilloso experimento mezcla de libro de viajes, autobiografía y tratado ético-filosófico. Básicamente me parece un maravilloso relato a través de los viajes de los momentos cruciales de la vida del autor y que, por extrapolación, podría ser los de todos nosotros.  Desde luego ese libro  es el faro que me alumbra en estos días. Los economistas serán recordados por su conocimiento sobre el dinero y su flujos, los filósofos por el conocimiento de la vida y sus reflujos.

Faros I

Semana Santa del 2011. Estuvimos unos días en Le Port le Nouvelle cerca de la ciudad de Narbona en el sur de Francia, a apenas dos horas y media de Barcelona y con alojamiento más barato que en España. Una zona que sin ser espectacular me dejo un buen regusto de boca. Tengo que volver. Grandes lagos pegados a la costa donde miles practicante KiteSurf surcan las olas con sus tablas y su cometas gigantes. Grandes playas vírgenes de kilómetros de longitud, que sin tener un especial atractivo permiten dar largos paseos por zonas bastante solitarias. El tiempo no era muy bueno, pero apenas si llovió. Eso sí, las tormentas, al acercarse la noche del viernes eran cuestión de tiempo, y las nubes amenazadoras hacían de silueta al faro de la Nouvelle golpeado por las enormes olas.

Los faros hoy en día son aparatos electrónicos, encastados en plataformas de acero prefabricadas, o eso me parecen a mí, todos igualitos unos a otros. Pero que se puede esperar de una sociedad en la que gente se conoce por Facebook. Lejos quedan las familias de fareros y subir cada noche a encender las linternas, pero con un poco de imaginación aun uno se puede imaginar estos lugares sagrados y románticos de antaño. No puede dejar de recomendaros el libro “La piel Fría” de Alberto Sánchez Piñol. Una gozada de lectura donde los faros tienen un papel importante.