Caravana

Procesión de los burros el día de San Antonio Abad en Bacelona. Los pasajeros de este carro, con sus caras de tristeza me recordaron las caravanas de otras épocas huyendo de la pobreza. O, salvando las diferencias, las caravanas que aun hoy en día recorren miles de refugiados cada año huyendo de las barbaridades cometidas en sus países por los cuatro mezquinos dirigentes que los gobiernan. ¿Bajo qué potestad se puede sentir uno con poder para llevar a un pueblo a la guerra?.  Desde luego hay cosas que ni que viviese cuatro vidas conseguiría entender.

 

 

 

Calcetines


En mi ventana caben 13 calcetines blancos sujetos con 13 pinzas azules. Lo tengo calculado. La mala suerte de estos signos supersticiosos nunca me ha preocupado. Cuando quiere llega sin reclamarla. Si no ha de venir es inútil que la llames. Esta semana pasada la “suerte” ha pasado por mi casa. Aurora ha aprobado unas oposiciones. Se acabaron los años de precariedad laboral.

Paseando por Narbona.

Rayuela

En casa con mi pequeño Martí esperando a que Aurora se arregle para bajar al parque a montar un rato con la bici. Yo sentado en el sofá y Martí enfrente mío con el casco puesto y muy quietecito encima de su pequeña bicicleta gracias a sus dos protectoras ruedecitas laterales.

En el piso de arriba se escuchan insaciables los tacones de la nueva vecina atareada en el proceso previo a salir de casa. Los últimos inquilinos del piso maldito (nadie dura en el más de 6 meses, negros o blancos, jóvenes brasileños o mafiosos rusos) parecen ser una pareja de negros que siempre van súper etiquetados. El todo vestido de traje parece un azafato de vuelo internacional. Ella siempre arreglada hasta la exageración, si fuésemos seres impolutamente bien pensados, podríamos pensar también que es una azafata de vuelo.

De repente Martí flojito y desde una sospechosa quietud pensante dice muy flojito:

– Els pares no existeixen.

Yo que estaba absorto con el molesto sonido de los tacones no estoy seguro de haber oído lo que he oído.

– Que has dit Martí.

– Res.

– No Martí diguem, es que no t’escolta’t be.

– Res papa, res.

Me voy al balcón y distraigo a Martí para ver si me repite la frase. Al volver me lo encuentro en la misma posición que lo había dejado.

– Va Martí, es que el papa no t’ha escoltat. Que has dit?

– Es que em fa vergonya fins al planeta terra.

– No passa res petit.

– Es que abans el pares eren petits com els nens. Els pares no existeixen.

Una hora después, en el parque, Martí aprendía a ir en bicicleta sin ruedecitas.