Las otras fiestas de Gracia III

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Poco para ser feliz

En un precioso parque de la ciudad de Tours en Francia me encontré con este señor que me hizo reflexionar sobre las pocas cosas que se necesitan para ser feliz. En una única imagen se resumían la mayoría de cosas que tras mi jubilación (confiaremos en llegar a ella) desearé hacer en una tarde cualquiera de mi vida.

Una bici sencilla con la que desplazarme y hacer un mínimo de ejercicio. Un parque tranquilo al que llegar. Una sombra hermana, un banco y una actitud. Una buena novela con la que seguir viajando. Y una buena música con la que cerrar los ojos y volar tras la lectura.

Recuerdo un viejo poema que me regalo hace años Sergi Gros, un amigo de los de siempre. Hablaba de las pocas cosas que se necesitan para ser feliz si realmente se quiere serlo. Tengo que localizarlo en las antiguas carpetas.

Hoy me he dado un gustazo y me he comprado lo que creo que es una buena novela para releer quizás en una escena similar dentro de unos años.

“Mil otoños” de David Mitchell. Con sus “Escritos fantasmas” disfrute como pocas veces había hecho con un libro. Recomendación de Sergi, por supuesto.

Juventud

Estos días Aurora ha comenzado sus recién estrenadas tareas de profesora de historia en secundaria.

Andamos todo el día comentando sobre la actitud de los jóvenes que suben. Me resisto a creer que son diferentes a nosotros cuando éramos  jóvenes. Hablar de mejores o peores es absurdo. Para eso sería necesario tener una visión objetiva que no se puede tener cuando se es parte de la comparación. En todo caso me esfuerzo por creer que no nos podemos quedar con lo que muestran en la superficie visible.

Hoy al volver del trabajo intentaba concentrarme en la lectura de “El ciego de Sevilla” de Robert Wilson, cuando en la parada correspondiente a la Universidad Autónoma de Barcelona se han sentado a mi lado dos chicas que probablemente estaban en su primer año de carrera.

Parecían responsables. Absortas pensando  probablemente en alguna de las cosas comentadas en la última clase realizada, nada que ver con el panorama devastador que me cuenta Aurora de sus clases de secundaria.  Tras un minuto de silencio reparador  por su parte y lectura recuperadora por la mía, una de las chicas ha mirado la otra y le ha dicho.

A.- He pensado hacer una fiesta de disfraces para mi cumpleaños.

B.- Quedará tan mal como la que hice yo de los 80.

A.- Ya, pero al no ser de un tema concreto no tienes que comprarte un disfraz especial.

A.- A tí te quedaría bien de Pocahontas.

B.- A ti de puta.

B.-Tienes toda la cara.

He subido las escaleras de salida del tren pensando que tenía que devolver el libro en la biblioteca.