Viendo la vida golpear

Imagino que llegado a cierto punto de la vida uno se dedica a ver la misma desde la barrera. Lejos de las emociones fuertes, de las grandes metas, de las amargas luchas diarias, uno se relaja y pasea por la playa. Las olas envisten fuertes contra los rompeolas (y no se le podía dar a este elemento arquitectónico un nombre más gráfico) pero paseando del otro, sobre la protectora arena, polvo de conchas y caracolas, uno se siente seguro, como por otro lado debería ser normal a ciertas edades. Una sociedad perfecta debería garantizar la tranquilidad y un mínimo de bienestar a los que han estado trabajando duramente toda una vida. Desgraciadamente ese no es el caso en estos días terribles que estamos viviendo. Tendremos que luchar para que se deshaga todo el camino desandado. Si hace falta con la fiereza de las olas de un mar convulso.

Levantando gigantes

Detalle de colla gegantera levantando los gigantes tras el complicado giro que tienen que hacer al finalizar la bajada de la pequeña calle del Gótico de la Baixada de Santa Eulalia. Como no, en las fiestas de Santa Eulalia (patrona histórica de Barcelona) , es típico que la Rúa de gigantes pasa por esta pequeña y estrecha calle por donde, por las mismas características de esta, normalmente no pasarían “Els Gegants”. La verdad es que fue curioso verlos pasar por este pequeño trayecto acompañado por el sonido de las grallas. Uno se podía transportar fácilmente a otros tiempos.