Devuélveme mi noche rota, de Jose Morand

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Descubrí las historias de “Devuélveme mi noche rota” hace muchos años cuando éstas formaban parte de las entradas correspondientes al blog “Los discos” donde se empezó a gestar la magnífica novela que hoy, y saliéndome un poco de la dinámica habitual de este blog, pretendo reseñar. En ese sentido mi aproximación al complejo mundo vital del escritor parapetado detrás del pseudónimo José Morand fue lenta, en pequeñas dosis. El personaje, o el escritor, pues se hace difícil saber hasta qué punto es autobiográfico el libro (yo tiendo a pensar que todo lo contado es real, me cuadra con todo lo que he seguido del autor en los sucesivos blogs en los que ha ido escribiendo y los que sigo desde entonces), entró pues en mí de forma gradual. Su pesimismo, su desengaño temprano de la vida, me caló hondo desde un buen principio. Supongo que por el hecho de que me siento muy identificado con la forma general que tiene de ver las cosas: sentado siempre bajo la sombra del escepticismo.

Llegué al blog buscando información sobre un disco concreto de los que forman la estructura básica del libro. Un disco, una historia vital asociada al mismo. La banda sonora, en la mayoría de los casos, de sus desengaños. No recuerdo exactamente cual fue el disco a través del cual lo conocí. Y releyendo las historias ya en forma de novela no he sido capaz de recordar tampoco cual fue esa primera vivencia musical de la que me prendí. Quizás fue un descarte en la novela. No lo sé. La cuestión es que, con la lectura de una sola de esos capítulos, tuve la sensación de que en esas noches rotas iba a encontrar mucha verdad, o al menos mucha de la verdad de lo que yo mismo soy.
Recuerdo que a partir de ahí seguí un proceso lento de ir leyendo todas sus entradas de forma gradual en los momentos en los que en el trabajo necesitaba tomarme unos minutos de descanso. ¡¡¡Aquello era tan diferente a todo lo que se desprendía de mis relaciones sociales en mi aburrido trabajo de informático!!!. En aquellos textos no había formalismos, ni buenas maneras, ni fórmulas de relación edulcoradas, nada de buen rollo. El autor nos cuenta sus experiencias vitales con toda la crudeza a la que es capaz de llegar. No creo que haya sido fácil para él realizar semejante ejercicio de vaciado y autocrítica.

En cada capítulo del libro el autor nos añade un disco que acompaña algunos de sus momentos vitales más importantes. El disco es la excusa para contextualizar. La banda sonora de una de las vivencias que el autor, a sus 40 años, casado y con un hijo que acaba de arrasar con los cimientos de su mundo, decide recopilar haciendo un parón y vista atrás.

En otro sentido el libro también se puede tomar como un maravilloso recopilatorio discográfico de una época que a mí, como lector de 40 años, me ha tocado vivir. La selección de discos es excelente. Bastante alternativa eso sí, que nadie espere encontrar en ellos los éxitos que escuchaba de joven en los 40 principales. Como no podía ser de otra manera, la personalidad del autor también se ve reflejada en cada uno de los “tonadilleros” que han calado hondo a lo largo de su biografía musical. Hay mucho de cantautores oscuros, de grupos de lo que hoy se viene considerando música indie, alternativa, de los discos que hicieron bandas míticas antes de salir de la exclusividad de los 4 primeros que los escucharon. La madurez temprana demostrada en este sentido es realmente destacable. Se me ocurre que en un versión en papel de libro se haría imprescindible acompañar el mismo de un disco recopilatorio con las canciones destacadas de cada de uno de los discos reseñados.

A partir de ahí la niñez y juventud del autor discurrió por sendas muy parecidas a las que supongo que recorrimos todos los que nacimos en este país en los 70. Las mismas habitaciones cursis compartidas con nuestros hermanos con las que nos regalaban nuestras madres, los mismos posters con los que las hicimos nuestras años después. Los veraneos de aventuras y travesura. Las primeras chicas a las que impresionar, el primer concierto. Es muy fácil descubrirse sonriendo a lo largo de la lectura del libro tras descubrir similitudes con las cosas que le pasaban al autor tras los discos. Yo también pasé tardes enteras mirando discos en las grandes superficies, yo también me sorprendí infinitas veces en mi adolescencia con pandillas con las que no tenía nada en común.

A grandes trazos el autor desoyó a sus padres y no fue arquitecto. Estudio Bellas Artes y adoptó la pose que se esperaba de un artista. Después renegó de todo eso y acabó calando el vacío profundo que hay detrás de toda forma de vida con plantilla. Acabó de profesor de dibujo en secundaria aunque siempre había dicho que no pasaría por ello. Pero la vida es una apisonadora que te aplaca y acalla y te pone donde nunca has deseado estar (a lo mejor estoy poniendo en esta reseña mucho más de mí que del propio libro, si es que lo mío no es escribir, el autor parece creer lo mismo de sí mismo). En su largo peregrinaje de profesor sustituto pasó por Mallorca donde aprovechó para desligarse de la novia de toda la vida con la que, de tanto no merecerla, no se atrevía acabar. Pasó por Morella donde descubrió la soledad y el frío del duro invierno.
Jose Morand es el antihéroe, no pretende ser nadie, solo intenta no ahogarse irreversiblemente en el lodazal inmenso de la vida de adulto, en este país, en esta época, en este mundo. En esta ciénaga vaya!!!. Y donde otros pretenden simular vidas felices el prefiere ser consecuente y ponerle discos a las etapas perdidas.

En otra reseña realizada sobre este libro, entre otras cualidades del mismo, el autor decía haberse encontrado en sus páginas la mejor declaración de amor que jamás había leído. Imagino a qué episodio de la novela se refiere pero a mí ese no fue el punto de la misma que más me llegó. Para mí el momento cúspide de la novela es cuando Morand, al final de la escritura del mismo, casado y con un niño de 18 meses que, de alguna forma, le ha regirado las entrañas emocionales, se pregunta de dónde va sacar fuerza para darle un poco de alegría a su pequeño. Desgarrado internamente, yo creo que pide una gota de fuerza para no enseñarle su camino al pequeño Ángel que la vida le ha puesto cuando ya creía no tendría oportunidades de salvarse.

Sus palabras me conmueven sobremanera. Como sacar fuerzas de donde no las hay para, al final de una vida donde no se ha encontrado el camino, dar el empujón inicial de la siguiente vida donde pones todas las esperanzas para que en ella se encuentre la felicidad.

“Esperar es la verdadera metáfora de la vida; se espera desde el principio, la muerte. He imaginado cientos de veces ese momento, entendido, casi, como liberador. Con este bagaje, no debería haber tenido un hijo. Me avergüenzo. Necesito hacer un curso intensivo de optimismo. Me hace falta cargarme de argumentos positivos, constructivos, esperanzadores. Me asusta pensar que ya puede estar bebiendo la mierda que llevo dentro.”

En fin, me ha salido una recomendación literaria un tanto macabra. Lo mío no es escribir, a duras penas si me siento cómodo detrás de una cámara, detrás de una pluma soy gato mojado. Pero el libro merece la pena, mucho diría yo. Es todo un retrato de una época en la que históricamente ha pasado bien poca cosa, pero en la que nos ha tocado crecer a una generación que a nuestros 40 luchamos para no morir cada día de desidia.

3 thoughts on “Devuélveme mi noche rota, de Jose Morand

  1. Agnieszka 10 de noviembre de 2014 / 23:13

    ¿Tú no puedes elegir una novela con la que relajarte y evadirte? ¡Madre mía! Con la que está cayendo por todos los lados!

  2. Jose Antonio Rodríguez 11 de noviembre de 2014 / 7:12

    Je, je, tienes toda la razón, cuando acabe con Marina, que no se como voy digerir, cogeré una buena novela de aventuras y me tiraré un tiempo en los mares del sur.

  3. Angel 24 de noviembre de 2014 / 6:45

    Interesante, tomo nota

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