Crónicas de la mano izquierda: Mirada al suelo

Mirada al suelo - Jose Antonio Rodríguez - 2015

Mirada al suelo II - Jose Antonio Rodríguez - 2015

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4 thoughts on “Crónicas de la mano izquierda: Mirada al suelo

  1. moncat 15 de enero de 2015 / 16:09

    Definitavamente, a pesar de los títulos, esta serie la percibo sencilla y fresca, aunque esconden un relato de cierta amargura, las miradas perdidas en el suelo o en sus propios interiores reflejan esta pequeña dosis amarga.
    En cierto modo, me recuerdan unas fotos de mi blog que puedes encontrar con la etiqueta “a 60 cm”, con el brazo extendido a un costado intentaba captar a gente en diversas situaciones, todavía de vez en cuando se me da por salir a “cazar” con el fijo de 35mm y la misma “técnica”.

    • Jose Antonio Rodríguez 15 de enero de 2015 / 20:04

      Cierto Moncat, el concepto de esta serie es exactamente el mismo que tu serie de 60 cm, la he repasado, recordaba alguna fotografías de ellas, pero no las reconocía como etiquetadas en una serie. De hecho el objetivo fijo de mi camarita es un equivalente a un 35 mm muy luminoso. Un juguete es pequeñísimo. La Pentax Q no destaca por otra cosa pero pasa por ser la sin espejo más pequeña del mercado.

  2. José Luis González 15 de enero de 2015 / 17:48

    Cotidianidad de muchachas anónimas cuyas vidas no se nos revelan a través de estas fotos que expresan la neutralidad plana con que vamos por la calle para no ser descubiertos. No hay mensaje evidente en esta fotos ni correlación de ideas que subyazca en ellas. Es un instante de una vida más. Rostros inexpresivos que puede que escondan pasiones ocultas, tendencias sexuales complejas, morbosidades solo reservadas para sus acompañantes. El rostro humano se recubre de máscara neutra y es indescifrable. Estoy días leo una historia que refleja la realidad de dos personajes diferentes: uno, Haans Alexander, judío, que fue el cazador de nazis que encontró a Rudolf Hoess, el comandante supremo de Auschwitz donde fueron gaseados millones de judíos. La dimensión criminal de Hoess es difícil de aquilatar. Tras la guerra, se escondió cambiando su aspecto físico y se puso a trabajar de granjero sin que nadie sospechara nada de quién era él. En Auschwitz tenía una linda casita con arriates en su jardín. Vivía con su encantadora familia a la que adoraba: sus hijitas y su linda mujer. Cuando quería desestresarse salía con su caballo por los alrededores. Era un hombre que amaba los caballos y quería solamente hacer bien su trabajo. Este era Hoess. No odiaba a los judíos, era contrario a toda violencia gratuita que detestaba. Le habían encargado ese trabajo y él era un buen cumplidor. Su rostro, ¿qué decir de su rostro? Nadie sospechaba de él tras la guerra. Era un buen trabajador que se ganó el respeto de los que trabajaban con él. El rostro humano es la máscara más perfecta. Hay que atraparlo en los momentos en que se baja esa guardia para atisbar en el alma humana. Tus chicas llevan puesta esa máscara para ocultarse. No expresan nada. Pero el desafío es hacer que expresen, que Rudolf Hoess salga a mostrarse. Hubiera sido un prodigio fotografiarlo con la guardia baja.

    • Jose Antonio Rodríguez 15 de enero de 2015 / 20:06

      Ufff, que dura la lectura que me cuentas, yo no tengo fuerza para leer nada de ese tipo, no me llama, la monstruosidad del ser humano la reconozco, no me gusta leer sobre ello, no aprenderé nada de ello. No admito que alguien pueda ser buena persona y hacer ese tipo de trabajos por ser eficiente en el trabajo. Simplemente eso para mí es imposible.

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