Luz en el bosque II

Luz en el bosque II - Jose Antonio Rodríguez - 2015

5 thoughts on “Luz en el bosque II

  1. Joselu (@olahjl) 18 de junio de 2015 / 8:23

    El bosque, espacio privilegiado de tus ensoñaciones… Parece que en tu niñez te contaron muchos cuentos con el bosque como protagonista. Caperucita, Hansel y Gretel… bosque con ogros, bosques encantados, bambi… ¡Que prodigioso espacio estético! Tal vez de mayor leíste con fruición El señor de los anillos. Para mí ese espacio mágico han sido las islas. Yo he sido y soy un enamorado de las islas. Para ti es el bosque, y esta serie todavía fresca y palpitante, tan diferente de la anterior, aparece el bosque com protagonsita misterioso y mágico. Diafragma cerrado para estrellar el sol y el contraluz. También corresponde a las lindes del bosque, pues este acaba poco más allá. ¡Qué maravilla!

  2. Jose Antonio Rodríguez 18 de junio de 2015 / 19:05

    Je, je, no has acertado mucho con los caminos que me llevaron a mi al bosque, la historia es menos romántica, más mundanal creo yo. Y las islas también me encantan, me apasionan, pero he estados en muy pocas. Y claro uno no puede ir a hacer fotos a islas cada día, el bosque me pilla más cerca.

    No recuerdo si mi madre me leía demasiados cuentos de pequeño, y si no lo recuerdo debe de ser que no lo hacía, eso si, ya de muy niño yo era muy lector, y he leído libros memorables de bosques. Pero precisamente “El señor de los anillos” no lo he leído. Lo intenté a los 10 años, pero me aburrió muchísimo y lo deje, y no lo he vuelto a intentar. Y no es porque fuese demasiado grande para leerlo, o que yo fuese demasiado niño para intentarlo, con 10 o 11 años me leí el It, de Stephen King que es un tocho gigantesto de 1200 páginas y lo devoré, o el Resplandor (de cuya película que me hablabas el otro día. El libro me encantó, y la película igual), Cujo, Tomminokers, Carrie. Libros de bosques recuerdo con especial cariño “El bosque Mitago”.

    Mi afición a los bosques, sin embargo, se la debo sin duda a mis padres. Cuando era niño mis padres practicaban durante gran parte del año el Campismo los domingos. Supongo que sabes de lo que te hablo. Son andaluces y entre ellos esta muy extendido el tema. La tortilla de patatas, incluso la paella cuando aun se permitía hacer fuego en los bosques. Con la familia de Cerdanyola gigantesca. Mi padre son 10 hermanos. Nos juntabamos muchísimos primos de mi edad o similar.

    Los padres, antes y después de comer, jugaban a las cartas en su sillitas de camping. No se movían demasiado. Los niños teníamos que buscarnos la vida. Concretamente normalmente íbamos a un lugar mítico entre los campistas de la época en Sabadell, la “Fuente del Sapo”. Algunos días íbamos a algunas variantes, “Las Arenas” donde había un chiringuito donde los hombres se podían tomar una cerveza. O a la fuente de “Caño Goteras” (con el tiempo me enteré que en realidad la fuente no se llama ni se ha llamado nunca así, se llama Can Llobateras”, pero por lo visto eso era demasiado difícil de recordar para la oleada de inmigración andaluza y hubo que adaptar el nombre).

    Así pues, yo junto a mi hermano y a mis primas (Sandra, Veronica, Patricia, Lorena, Antoñita, etc, etc … ) nos dedicábamos a explorar el bosque, hacer cabañas, cavar madrigueras (lo digo literalmente) y subir a árboles. Había un par de higueras que eran nuestras preferidas. Yo había llegado a echarme la siesta en algún árbol, en una higuera en concreto.

    Sin duda esos domingos de mi infancia me marcaron, porque además yo era el que más lo vivía, el que más profundo se metía, y el que salía siempre con todas las piernas y brazos llenas de innumerables arañazos de meterme a fondo entre las zarzas. De hay me viene lo del bosque. Lo de la montaña fue mucho después.

    • Joselu (@olahjl) 19 de junio de 2015 / 14:42

      ¡Vaya infancia! ¡Uaauuuuuu! Primos a mogollón, tíos, campismo, bosques, cabañas, subir a árboles… No me extraña en algun sentido tu percepción a veces oscura de la vida ahora. Si es que has sido arrojado del paraíso que fue tu infancia… para venir a esta adultez en que ya no hay niños (seguro que los tuyos no tienen tantos primos como tú a su edad) y todo es gris en comparación con aquellos días azules en que te subías a los árboles o excavabas madrigueras…

  3. Joselu (@olahjl) 19 de junio de 2015 / 14:46

    A veces pienso que una infancia feliz es un buen regalo o puede ser el peor de los bienes, sobre todo si tu vida posteriormente no está a la altura de aquella infancia. Yo tuve una infancia atroz. Y es decir poco. Cuando pienso en mi infancia solo me viene la idea de dolor inmenso. No tengo bosques ni madrigueras, ni árboles, ni primos, ni tíos. No, nada de eso. Por eso yo no fui expulsado del paraíso sino de Auschwitz. Tenemos en común la necesidad de la lectura aunque yo no tenía a mi alcance esas monumentales novelas que leías a los once años. Lo mío era más simple.

    • Jose Antonio Rodríguez 20 de junio de 2015 / 15:06

      Bueno, sin embargo yo me he quedado estancado en aquellas monumentales novelas (aun sigo leyendo básicamente lectura de entretenimiento, libros para viajar un poco y vivir historias que no son tuyas) y en cambio tu has profundizado muchísimo en la literatura profunda. La verdad es que si tuve una infancia feliz, no puedo quejar, aunque parte del tonilllo de mi respuesta igual lo has pasado por alto o no lo has percibido. El concepto campista entendido como lo que hacíamos no lo comparto, el amor a la naturaleza sin duda si. Pero si, lo mejor de aquellas experiencias era el mundo de los niños con nuestros juegos en el bosque. De hecho volver a aquellos mismos bosque es algo que voy barajando mentalmente hace tiempo, aunque el paisaje de esas zonas del vallés ha cambiado muchísimo en estos años pasados desde mi niñez y lo voy postergando desde hace mucho quizás con el miedo a no encontrar ni una de aquellas madrigueras, hallar taladas las higueras que nos cobijaron o los caminos secretos en los que nos perdimos (a uno de ellos le llamábamos el Vietnan influenciados por las numerosas películas bélicas sobre ese tema que nos traguemos en aquellos años).

      Mis hijos efectivamente no tienen la misma cantidad de primos (y con los pocos que tiene los adultos no les ponemos fácil las cosas), y sus Vietnan son literales en videojuegos bélicos (el mío aun lo mantengo virgen de eso, pero todo llegará) y el futbol lo juegan con el Fifa 15. La madrigueras las construyen en el Minecraft o como se llame.

      Esta semana ha sido en este sentido especialmente dura para mi en el trabajo. Estoy rodeado de un grupo de informáticos de entre 23 y 27 a los que les cuesta especialmente hablar. Hay que sacarles las palabras con sacacorchos, desde que llegaron hace 2 o 3 he realizado un largo proceso de crear un grupo, de hablarles a todos, de montar conversaciones en las que pudiesen participar todos, provocando por aquí, descubriendo aficiones por haya.

      Y esta semana parece que ha dado fruto la labor hecha. De repente hablan entre ellos, hacen tertulia.

      Eso si, solo habla de cartas, poderes, y batallas ganadas. No tengo ni puñetera idea de que juego es el que les ha servido para montar un torneo entre ellos, pero sin duda mi trabajo ha sido en balde. Están condenados. Sin mas.

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