Comer magdalenas

Comer magdalenas  puede ser un verdadero placer. Joyce ya describió magníficamente este hecho. No puedo mejorar esa escena con palabras pero puedo intentarlo con una imagen. Mi pequeño Martí con una amiga hace ya unos años.

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La mirada triste de los animales – Córvidos

Los córvidos, sin embargo, son visitantes ocasionales del zoo. Entran voluntariamente al mismo probablemente buscando robar la comida que los humanos proporcionamos a los animales encerrados dentro del mismo. Los cuervos (y desconozco la especie concreta que aparece en la foto) siempre me han parecido una especie absolutamente mágica y misteriosa. Me recuerdan las películas de terror, quizás la película de Hitchcock que no se si he llegado a ver entera nunca. Los dos ejemplares de la foto, reforzados por el grano forzado y el viñeteo extremo que enmarca la escena, me transmiten cierta sensación de miedo.

 

La mirada triste de los animales – Oso

El oso, que ya de por sí me parece un animal sobrecogedor pero triste, en la soledad de su recinto cercado, gira la cabeza y parece que nos quiera invitar a sufrir la misma situación de encarcelamiento por la que él está pasando. Desgraciadamente, el ser humano es capaz de la mayor de las hipocresías posibles, al parecerle un animal increíble mientras lo ve encerrado en el recinto de un zoo, pero sin embargo continuar con la devastación implacable de su territorio y el exterminio sistemático de los últimos individuos de nuestro territorio.

La mirada triste de los animales – León

En esta nueva serie quiero mostraros una serie de fotografías de animales salvajes realizadas en el zoológico de Barcelona. Al observarlas detenidamente en una revisión reciente me di cuenta de que todas ellas tenían un elemento común. Los ojos de los animales encerrados cambian la fiereza de la libertad por la tristeza del cautiverio. El lobo enmarcado por los reflejos de la jaula que lo delimita. El León con la mirada perdida del que ha perdido el rumbo.

La mirada triste de los animales – Lobo


Como desubicados, bajo mi punto de vista, se ven los ojos de determinados animales encerrados dentro de sus jaulas en el zoo. No soy contrario a estas instalaciones. Fotográficamente nos ofrecen la posibilidad de retratar a animales a los que, de otra forma, nunca accederíamos. No todo el mundo dispone de unos cuantos miles de euros sobrantes para acercarse a un safari fotográfico al África. O de la paciencia infinita de los miles de magníficos profesionales que se dedican a la fotografía de fauna salvaje en nuestro país.