Paisajes Pintados I

Últimamente paso una mala racha a nivel fotográfico. Ya no es solo que debido a los quehaceres diarios no tenga demasiado tiempo para salir ha realizar salidas fotográficas sino que además paso una época en la que no tengo ningunas ganas ya no tanto de hacer fotos, que de eso más o menos siempre guardo un mínimo, sino de todo lo que conlleva la ordenación, selección y procesado de las fotos que considero salvables. Supongo que esto días estoy más centrado en disfrutar de los primeros meses de vida de la pequeña Clara y en mantener la atención necesaria sobre el ya no tan pequeño Martí. Así pues, a partir de esta entrada, y durante un tiempecito, me propongo rescatar antiguas fotos, con procesados en algunos casos más extremos, que en su día había descartado subirlas al blog. En esta primera serie se tratan de paisajes coloridos en los que he usado filtros de postprocesado para llevármelos un poco al terreno pictórico. En un segundo bloque serán paisajes llevados a diversos terrenos del blanco y negro y que en su día no me decidí a publicar. Un abrazo a todos los que podáis pasar por este blog.

El camino

Comienzan a verse los primeros indicios de la primavera. En Gallecs, pulmón verde situado entre el Vallés Oriental y el Valles Occidental, isla milagrosa entre polígonos industriales, los almendros presumen de flor y los campos de ocre. Fotografía retocada para darle un aspecto pictoralista.

No suelo dedicar las fotos nunca, porque puede parecer que la foto tiene el nivel, pero en este caso quiero hacer una excepción y dedicarle esta foto a mi tía Gine (admiradora número una de mis fotos, je, je) que no está pasando por un buen momento de salud y se merece toda la suerte y el cariño del mundo. Ánimo que seguro que pronto estarás riéndote de todo esto, aunque la sonrisa tu nunca la pierdes. Un abrazo.

Nocturna Turó de la Pola – IV (Rarezas)

En este último post sobre la salida nocturna he querido incluir las rarezas, los virados extremos, las rarezas en las que me entretengo últimamente.

Las motivaciones para realizar estos virados extremos, como todo en esta vida, son múltiples y complejas. Los procesos mentales que me han llevado a practicar este tipo de retoque seguro que eran dignos de un psicoanálisis completo. Pero intentaré resumir un poco.

En primer lugar está claro que el detonante primero de este tipo de experimentos ha sido el empezar a trabajar con el Software Adobe Lightroom. Uno no tiene ni los conocimientos de Photoshop necesarios ni la paciencia, tiempo y ganas suficientes como para ponerse con el mismo.  Así que la experimentación por esa vía ha sido prácticamente nula. Hasta que conocí el Lightroom los únicos retoques que realizaba eran con el sencillo pero utilísimo Picassa.

Pero el Lightroom, con la opción de Ajustes preestablecidos te da unas posibilidades de retoque con un solo click realmente espectacular. A partir de ahí la cosa no está en quedarse directamente con lo que sale del ajuste concreto directo, sino que uno entra a personalizar para intentar llevárselo a un lenguaje más propio, darle los últimos retoques. Pero vaya, que el 90% del proceso se hace con click. Eso desde luego lleva a los perezosos  a experimentar.

En segundo lugar, estoy un poco harto, por ejemplo a nivel de naturaleza, de las fotos perfectas que llevo años viendo en webs como Fotonatura. En ella excelentes fotógrafos profesionales, verdaderos maestros en este arte, con cámaras profesionales a las que nunca tendré acceso, con cientos de filtros y accesorios que ni aunque tuviese podría llevar encima con los 20 quilos de Martí a cuestas, con unos conocimientos en procesado fotográficos fruto supongo de una paciencia de la que no dispongo, y de la asistencia a cursos y talleres que no podría pagar, nos muestran cada día una serie de fotografías que no sabría como hacer. Por lo menos a esta altura de mi vida, no se que haré dentro de 20 años si es que aun existo. Así que uno le encuentra el gusto a hacer fotos imperfectas, imposibles, con un toque más personal aunque solo sea a través de post-procesado (sería la ostia tener un estilo fotográfico claramente reconocible con la fotografía sin destilar, pero me temo que eso solo está destinado a cuatro maestros afortunados).

El tercer motivo y el que me ha llevado a realizar los virados de las tres últimas fotos de este post, es el hecho de que, y no se si es algo que solo me pasa a mí, a veces salen fotos cuyo motivo y composición me atraen, me parecen con muchas posibilidades, pero la luz o la calidad de la imagen no es nada atractiva con lo que da cosa hasta enseñarlas. Es el caso de las dos fotos centrales con niebla. Están realizadas cuando ya había salido el sol, el color original de las fotos son unos blancos crudos y unos azules absolutamente pastelosos, sin carisma alguno. Además son escenas muy lejanas realizadas con el Sigma 70-300 a su máximo nivel de acercamiento con lo que la calidad de la imagen por la distancia no es óptima, la calima hace estragos, la nitidez es inexistente. En fin, son fotos que como idea me encantan pero el original tiene una textura y unos colores impresentables, ahí es donde entra en juego los virados. ¿Porque no hacer un mar de nubes un paisaje radiactivo? ¿Por qué no virar en rosa Montserrat?.

La cuarta motivación sería mi reciente gusto por la fotografía clásica de maestros como Koudelka o Brassai, pero eso ya será motivo de otros posts.

 

Sombra sobre nenufar

Las sombras pueden también servir de recurso compositivo. En este caso reflejados sobre un nenúfar. El destello efímero del sol sobre el borde de la hoja. El blanco y negro para centrarnos en la composición, que el color no distraiga, y el grano para esconder más que mostrar. El resultado una imagen atemporal.  Estoy leyendo un libro de fotografía sobre Koudelka, un clásico. Es increíble la perfección de sus composiciones.