Danzante

Como me gusta pasear por la playa al atardecer. Tranquilamente, viendo el sol caer, escuchando las olas romper, y sintiendo la brisa suave en la cara. En cualquier lugar del planeta. Los niños, como en esta ocasión, se mojan los pies y danzan. Que alegría me da ver estas imágenes.

Juventud

Estos días Aurora ha comenzado sus recién estrenadas tareas de profesora de historia en secundaria.

Andamos todo el día comentando sobre la actitud de los jóvenes que suben. Me resisto a creer que son diferentes a nosotros cuando éramos  jóvenes. Hablar de mejores o peores es absurdo. Para eso sería necesario tener una visión objetiva que no se puede tener cuando se es parte de la comparación. En todo caso me esfuerzo por creer que no nos podemos quedar con lo que muestran en la superficie visible.

Hoy al volver del trabajo intentaba concentrarme en la lectura de “El ciego de Sevilla” de Robert Wilson, cuando en la parada correspondiente a la Universidad Autónoma de Barcelona se han sentado a mi lado dos chicas que probablemente estaban en su primer año de carrera.

Parecían responsables. Absortas pensando  probablemente en alguna de las cosas comentadas en la última clase realizada, nada que ver con el panorama devastador que me cuenta Aurora de sus clases de secundaria.  Tras un minuto de silencio reparador  por su parte y lectura recuperadora por la mía, una de las chicas ha mirado la otra y le ha dicho.

A.- He pensado hacer una fiesta de disfraces para mi cumpleaños.

B.- Quedará tan mal como la que hice yo de los 80.

A.- Ya, pero al no ser de un tema concreto no tienes que comprarte un disfraz especial.

A.- A tí te quedaría bien de Pocahontas.

B.- A ti de puta.

B.-Tienes toda la cara.

He subido las escaleras de salida del tren pensando que tenía que devolver el libro en la biblioteca.

De vuelta a casa

Imagen tomada desde la parada de tren de San Joan en Sant Cugat donde cada día cojo el tren de vuelta tras la larga jornada de informático aburrido. Para desconectar leo un rato en el tren o, los días que encuentro algún motivo, hago alguna foto con la pequeña compacta Pentax Optio que siempre llevo en la mochila. Este día vi que el cielo tenía un color especial, me fui al final de la vía e intente componer lo mejor que pude. La verdad es que el revoltijo de líneas que convergen no me acaba de desagradar.

Nocturna Turó de la Pola – IV (Rarezas)

En este último post sobre la salida nocturna he querido incluir las rarezas, los virados extremos, las rarezas en las que me entretengo últimamente.

Las motivaciones para realizar estos virados extremos, como todo en esta vida, son múltiples y complejas. Los procesos mentales que me han llevado a practicar este tipo de retoque seguro que eran dignos de un psicoanálisis completo. Pero intentaré resumir un poco.

En primer lugar está claro que el detonante primero de este tipo de experimentos ha sido el empezar a trabajar con el Software Adobe Lightroom. Uno no tiene ni los conocimientos de Photoshop necesarios ni la paciencia, tiempo y ganas suficientes como para ponerse con el mismo.  Así que la experimentación por esa vía ha sido prácticamente nula. Hasta que conocí el Lightroom los únicos retoques que realizaba eran con el sencillo pero utilísimo Picassa.

Pero el Lightroom, con la opción de Ajustes preestablecidos te da unas posibilidades de retoque con un solo click realmente espectacular. A partir de ahí la cosa no está en quedarse directamente con lo que sale del ajuste concreto directo, sino que uno entra a personalizar para intentar llevárselo a un lenguaje más propio, darle los últimos retoques. Pero vaya, que el 90% del proceso se hace con click. Eso desde luego lleva a los perezosos  a experimentar.

En segundo lugar, estoy un poco harto, por ejemplo a nivel de naturaleza, de las fotos perfectas que llevo años viendo en webs como Fotonatura. En ella excelentes fotógrafos profesionales, verdaderos maestros en este arte, con cámaras profesionales a las que nunca tendré acceso, con cientos de filtros y accesorios que ni aunque tuviese podría llevar encima con los 20 quilos de Martí a cuestas, con unos conocimientos en procesado fotográficos fruto supongo de una paciencia de la que no dispongo, y de la asistencia a cursos y talleres que no podría pagar, nos muestran cada día una serie de fotografías que no sabría como hacer. Por lo menos a esta altura de mi vida, no se que haré dentro de 20 años si es que aun existo. Así que uno le encuentra el gusto a hacer fotos imperfectas, imposibles, con un toque más personal aunque solo sea a través de post-procesado (sería la ostia tener un estilo fotográfico claramente reconocible con la fotografía sin destilar, pero me temo que eso solo está destinado a cuatro maestros afortunados).

El tercer motivo y el que me ha llevado a realizar los virados de las tres últimas fotos de este post, es el hecho de que, y no se si es algo que solo me pasa a mí, a veces salen fotos cuyo motivo y composición me atraen, me parecen con muchas posibilidades, pero la luz o la calidad de la imagen no es nada atractiva con lo que da cosa hasta enseñarlas. Es el caso de las dos fotos centrales con niebla. Están realizadas cuando ya había salido el sol, el color original de las fotos son unos blancos crudos y unos azules absolutamente pastelosos, sin carisma alguno. Además son escenas muy lejanas realizadas con el Sigma 70-300 a su máximo nivel de acercamiento con lo que la calidad de la imagen por la distancia no es óptima, la calima hace estragos, la nitidez es inexistente. En fin, son fotos que como idea me encantan pero el original tiene una textura y unos colores impresentables, ahí es donde entra en juego los virados. ¿Porque no hacer un mar de nubes un paisaje radiactivo? ¿Por qué no virar en rosa Montserrat?.

La cuarta motivación sería mi reciente gusto por la fotografía clásica de maestros como Koudelka o Brassai, pero eso ya será motivo de otros posts.